jueves, 24 de mayo de 2018

Pedroso.

Me adentro en la penumbra
a encontrar el murmullo de las ninfas
y dejarme mecer por el arrullo
que detiene el vivir y te transporta.
En vano he arañado mis rodillas
pues el umbrío sendero está vacío:
Ya hace tiempo se fueron de la tierra.

Tal vez el erotismo de la selva,
del murmullo del río, de ese aire
que al final emborracha y te transporta...
¡qué se yo! Ya no hay tiempos detenidos
y por más que me adentro en la penumbra
y que el sol me motea entre las ramas
no oigo el canto hechizado de las diosas.

Otra vez lo he intentado ¿Cuántas veces
me dejaré llevar por un sendero
del que encuentre el final?
No es lo que quiero:
Quiero un día vagar y despertarme
en un parnaso oculto que me acoja
y me aparte de todo lo que ensucia
la esencia de mi ser y mi presencia.

Y así poder al fin, de mí desnudo,
con las heladas aguas envolviendo
al mismísimo yo estaré en la roca
escuchando una lira o una flauta
contemplando sus lívidas figuras
casi etéreas de luz y de misterio
de bellas ninfas puras y en sus bocas
tal vez ver los arcanos de mis sueños...


jueves, 15 de marzo de 2018

En el pinar (III)

Regreso temeroso hacia mi coche
De la luz queda poco,
Aprieto el paso,
Recordando la tarde que he pasado.
“¡Quién tuviera un bastón
O una linterna!”
Escucho de los perros los ladridos
Un relincho, el mugido de una vaca.
Un coche ronronea
¿Será el mío?
No me importa, pues todos mis anhelos
Se centran en volver pronto a mi casa
Aunque no tenga a nadie a quien contarle
La fusión de los pinos con el cielo
Ni la sal confundida en la resina
Ni los golpes de un ave en la corteza
Que acompasan y van marcando el ritmo
De los hombres que corren,
De los niños.
¿Habrá alguien que me entienda?
¿Alguien lo siente?
Sentirlo como un todo ¿es algo mío?
¿Los que corren, los niños, el caballo
Sienten de la naturaleza el equilibrio?
Empieza a oler al fuego de las casas
Que jalonan el bosque.
Un estallido, tal vez alguien en moto.
¡No apaguéis el sonido de las olas!
¡No borréis de los cuervos el graznido!
Escucho una lechuza.
Y un arbusto cercano se remueve
¿Será el sabio tejón? ¿O será un zorro
En busca de una presa?
Un inquieto gruñido me avisa que molesto
Y acelero mis pasos;
“Ya me voy, ya me marcho.
Ya sé que no es mi sitio.
Regreso a la ciudad, a mi rutina
Pero aunque tengo que dejar atrás los pinos
Recordad una cosa:
Este sitio es tan vuestro como mío,
Yo también formo parte del sistema.
Porque yo aquí he llorado y he besado
 y he corrido,
He recogido setas, visto ardillas
Y el nido de un azor he conocido
La guarida de un zorro o de un conejo,
Y he recogido moras
Y de plantas y flores he aprendido.
Las zarzas llevan algo de mi sangre
Y algunas piedras me han despellejado
¿Creéis que soy un intruso?
Soy Doniños”

Breamo

Se oculta tu figura entre la niebla
y aunque a ratos parece que insinúas,
el cielo oculta al mundo del santuario
de Lug donde los druidas dominaban
 desde un tiempo ya arcano de penumbras.


Te escondes como un viejo relicario
y yo fijo en tu seno mi mirada,
buscando el esplendor de una escondida
-entre brumas y orballos- primavera
de añoranzas, misterios y de vida.

No veo tras la lluvia el lar sagrado
y la tierra de Andrade está velada:
Protege tu pudor una cortina
cual  los condes descansan en la tierra
tras siglos de tristezas y penuria.

Hoy las piedras mojadas entre ellas
secretos milenarios se murmuran,
y que siempre has estado vigilando
y no saben, montaña, que ya estabas
e incluso antes que el mal ya habías llegado.


Necesito que lleguen ya los rayos
del astro protector a tus laderas.
No te veo, Breamo, y no me turba,
para mí tu silueta es mi pasado.


sábado, 30 de diciembre de 2017

En el pinar (II)

Mi vista se acompasa a lo que encuentro.
Primero un caracol, luego una ardilla
Una seta cortada y una piña...
Me desborda el azul que va enmarcando
Las copas murmurantes de los pinos.
Escucho sus quejidos, sus queixumes...
para mí es poesía y me reafirmo:
soy atlántico, del norte, allí he nacido.
En las sombras se mueven diminutos
pobladores que parten a Teixido.
"vai de morto, amigo, vai de morto
ya que antes evitaste el ir de vivo".

Y ya salgo y alcanzo el fin del bosque
Y el castro junto al mar sale a mi encuentro.
Acaricio sus piedras, y me siento.
Se está poniendo el Sol, ahora hace frío.
No siento la humedad porque mis ojos
Solo miran al mar y el fin del mundo
Tal vez ruborizado
Me revela sus cárdenos colores.
La sal empieza al poco a hacerse dueña
Del sabor de mis labios,
Y se mezcla el sabor de la resina,
Y el olor de los toxos… “¡Oh, Dios mío!
¿Creaste Tú el pinar? No me santiguo
Pues parece animal
Lo que me embarga.
El sudor, el olor, la sal, el frío
¡Cómo quisiera estar aquí contigo
y no escapar jamás!
El sol se ha puesto.
Tengo que regresar por el camino
Y el pinar que mis pasos ha acogido
Me ha empezado a dar miedo:
Ha oscurecido.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Legionario.

Necesito decirlo...
necesito sentirlo;
necesito la mano que aproveche mi fuerza
y que guíe el camino
para que no me pierda.

Necesito acostarme
cada noche empapado
en sudores amargos que humedezcan la tierra
y dormirme rendido
con el arma en la tienda.

Necesito batirme
necesito adversarios
necesito oponentes que me pongan a prueba
y saber cuánto duro
combatiendo en la guerra.

Yo no puedo pararme
que mi tez se avejenta
necesito escaladas por rugosas laderas
y bajar a los valles
y beber en la selva.

Porque un día cercano
no podré ni pensarlo
y el recuerdo de hacerlo será sólo el consuelo
de pensar lo siguiente
¿El infierno o el Cielo?

jueves, 23 de noviembre de 2017

Alondra

Al alba me despido y la mañana
insinúa que el sol ya está saliendo
un óculo fugaz, tímido beso
¡Cuánto quiero quedarme
mas no puedo!

Pues alondra nací, y tu mochuelo
y en tu olivo ni sabes que me he ido,
qué extraño amanecer nunca contigo
qué más raro es saber que estoy dormido
cuando tus alas vuelan sobre el nido.

Que el amor es así, fugaz e inquieto,
de sorpresas de sal y de respeto,
de querer que te quieran aun sabiendo
que nunca va a pasar y no es perfecto.

Un roce lastimero, dulce, amargo,
un trajín pasajero, un tiempo largo,
un saber que ahora sí,
que ahora si quieres...
un llorar que ya no, que ya no puedes.

Y si sigo es por qué...
porque ¿Qué hago,
si no tengo un porqué de ser amado?

Emprendo pues mi vuelo y me despido,
cuando vuelvas en ti ya me habré ido.

lunes, 23 de octubre de 2017

Evita.

No quiere el sol salir porque está triste
y unas gotas de cielo que repican
en un charco del suelo me recuerdan
que un fin siempre está cerca.
Porque hoy no ha sido el mío,
ha sido el suyo, que partió con su barco a la bahía
del eterno descanso, donde un barco
de madera y de hierro la recibe;
a bordo el comandante de uniforme
de gala, de ternura, de alegría.

Ya están juntos de nuevo en otro tiempo;
en los años cincuenta en su noviazgo,
o en aquellos de mocos y pañales,
o en los años de gloria pasajera
que se vieron truncados al instante.
Pero en las mansas aguas de la orilla
donde todo es perfecto se han reunido,
y aunque aquí le lloremos comprendemos
que ha llegado su hora y que la nuestra
llegará en su momento a Su demora.

Y aunque en nuestro egoísmo lloraremos,
y la falta de fe que nos inunda
nos obligue a afligirnos con su muerte
en el fondo debemos de alegrarnos.
¡Si la muerte no existe! ¿Por qué lloras?
Ha llegado al Misterio y en el puerto
la feliz ensenada está repleta
de gigantes de hierro y de madera
que surcaron otrora nuestros mares
y que ahora en su fondeo, engalanados,
anhelan escuchar esa voz ronca
heredera de sal, de mar y guerra.